“Mirarán al que traspasaron”: una mirada sobre Sonia Pierre, desde la fe
El Papa Benedicto XVI propone que durante la Cuaresma reflexionemos a partir de la contemplación de Cristo traspasado confiado en que al contemplarlo “nos llevará a abrir el corazón a los demás reconociendo las heridas infligidas a la dignidad del ser humano; nos llevará, particularmente, a luchar contra toda forma de desprecio de la vida y de explotación de la persona y a aliviar los dramas de la soledad y del abandono de muchas personas”. (Mensaje papal para la Cuaresma 2007)Los acontecimientos de esto días en torno a Sonia Pierre pueden servirnos para esta contemplación de los traspasados. Incluso si fuese jurídicamente posible y moralmente ético despojarla de su nacionalidad dominicana, es incuestionable que la difusión en los medios de comunicación y el constante acoso que ha sufrido, han puesto sobre ella (y junto con ella, a los miles de personas que ella defiende, sin que nadie pueda negar la verdad de lo que denuncia) la mirada de muchos que, al presenciar lo que ella reclama vuelven a sus ciudades dándose golpes de pecho (Lc. 23, 48).
Jesús desestabilizó las estructuras de su tiempo predicando la cercanía y la preferencia de Dios por los que sufren. Jesús conoce la historia de Moisés a quien Dios le dijo “les tengo presente y veo como les tratan los egipcios” (Ex. 3, 15´ss). Jesús conoce el credo del pueblo de Israel que reza: mi padre era un arameo errante que salió de Egipto en busca de la tierra prometida y donde fue esclavizado “pero Dios los liberó” (Deum 26,5). Este es el mismo Dios de Jesús, Dios de la viuda, el huérfano y también del extranjero, porque El lo ha sido. El Papa Benedicto XVI nos recuerda, a partir de la familia de Nazaret, el drama de la familia de los migrantes. (Mensaje del Santo Padre para la 93 Jornada de Migrantes 2007) Como el pueblo de Israel, como José y María, la madre y el padre de Sonia también fueron errantes, salidos de su tierra en busca de mejor vida, como también lo son los miles de dominicanos en Puerto Rico, en New York, en Madrid y en tantos lugares distintos de su Patria. Y todos como extranjeros somos acompañados por el único dueño del universo y la tierra, el Dios de la vida, el Dios liberador.
La Iglesia dominicana nos invita a la ACOGIDA del otro. Quién es el prójimo que necesita ser acogido y defendido, ya está dicho en los versículos 31 y siguientes del Capítulo 25 de San Mateo, rostros de Cristo crucificado y sufriente hoy. Acoger al marginado debería ser nuestra gran celebración ritual de Semana Santa. Isaías nos lo recuerda con su palabra profética “qué me importa el número de tus sacrificios…tus solemnidades y fiestas las detesto; se me han vuelto carga que no soporto más…cesa de obrar mal, aprende a obrar bien” (Is. 1, 13-18).
Obran mal aquellos que siguiendo el ejemplo de Judas, con un signo de amor (a la patria) entregan a un inocente a morir en manos de los poderosos de su tiempo.
Recordamos en este tiempo a los Padres Christopher Hartley y Pedro Ruquoy. Desde siempre, los que representan el dominio de este mundo, encuentran cómo unirse en torno a la condena de un inocente. Confiemos en que estos días de meditación inspiren en estos el dar auténticos frutos de conversión, diciendo “he pecado entregando a muerte a un inocente”. (Mt 27,4)
En contraposición, quienes han acogido a los inmigrantes como hermanos, obran bien. Los países de recepción saben que le deben a ellos el sostener gran parte de sus respectivas economías, como es el caso de los inmigrantes en Estados Unidos y España y de los haitianos con respecto a la industria azucarera, la agricultura y la construcción en nuestro país. Algunas de las personas que tienen que tomar decisiones, saben también que la acogida es mandato divino del Dios de Jesús. Por amor a este Dios, expresamos respeto al padre y la madre de Sonia. A ellos pedimos su bendición por esta Patria en la que trabajaron y en la que trabaja su hija, a ejemplo de Jesús, por la defensa de los derechos de grupos marginados.
En la contemplación de la pasión, llama la atención que Pilatos supiera que Jesús no era culpable de nada y sin embargo se empeñara en hacerle sufrir con latigazos. Uno puede pensar que una idea tan absurda como la de despojar de su nacionalidad a Sonia, destruir su foto y su biografía, mas que pensada como parte de una “estrategia”, tiene como único propósito ocasionarle a ella y a sus hijos, sufrimiento gratuito. Llegue hasta ellos la certeza de que la última palabra de Dios no es este dolor que se acerca a la muerte, sino la vida, la resurrección.
La resurrección de Jesús otorgó una nueva ciudadanía a aquellos que creen en El y que viven de un modo distinto de los enemigos del Crucificado. Así, el encuentro con Cristo resucitado fue devolviendo a cada uno de sus amigos, al prójimo, al que sufre, al que necesita del otro para ser salvado. San Pablo lo dice de un modo inmejorable: cuantas veces he señalado y ahora lo hago con lágrimas en los ojos a esos enemigos de la cruz…su paradero es la ruina…ponen su gloria en sus vergüenzas, centrados como están en lo terreno. Nosotros, en cambio, somos ciudadanos del cielo (Fil. 3, 20).
Por la dirección nacional del SJRM
Padre José Núñez (Chepe), SJ, Padre Regino Martínez, SJ,
Director Nacional del SJRM Director oficina de Dajabón
Padre Mario Serrano Marte, SJ,
Director oficina Santo Domingo
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