viernes 25 de agosto de 2006

70 años amando y sirviendo en la frontera

Han sido setenta años de vida misionera de la Compañía de Jesús en estas tierras de la frontera norte de la provincia de Dajabón. Nuestros esfuerzos han dado sus frutos, como la formación y preparación de muchos jóvenes profesionales y la creación con nuestras propias manos de cuatro parroquias, de la emisora radio Marién y de todas las organizaciones populares. Todo ello construido alrededor del proyecto de Jesús de predicar con el ejemplo y preocuparse por el prójimo. En nuestro caso, por los desvalidos, los pobres y los marginados de la República Dominicana y Haití. Esta actividad hizo surgir una estructura binacional llamada Solidaridad Fronteriza que, en unión con otras, realiza un trabajo en defensa de los derechos humanos en la isla.

Los jesuitas llegamos a este punto de encuentro entre dos naciones en el año de 1936, con una labor sacramental intensa pero simple. Iniciamos la pastoral a medias, muy condicionados por la dictadura de Trujillo, quien un año después cometería el terrible genocidio en el momento cumbre de la ideología antihaitiana en la República Dominicana, que buscaba ocultar la negritud de la sociedad.

Con la segunda intervención política militar norteamericana, en 1965, comenzamos la época de la difusión de la palabra, promovida por el Concilio Vaticano II. Entonces, al sacramento se le une la palabra. El pueblo pasa a ser protagonista y emprendemos una labor de concientización de la sociedad civil, sentando las bases sociales que serían el germen de la tercera fase, a partir de 1974.

En el tercer periodo de los jesuitas en la frontera, uniendo la fe y la vida se fortalecen las organizaciones ya existentes aquí y allá, que son las que llegan hasta el día de hoy. Así surge, en 1997, Solidaridad Fronteriza (SF), nuestro principal instrumento para aglutinar los movimientos populares y para el trabajo binacional. Desde esa fecha podemos hablar de una cuarta etapa, que llega hasta la actualidad y nos sigue ilusionando, aún nos empuja a trabajar juntos.

“Hermano/a dame tu mano, sin ti no soy yo, sin mí, no eres tú” es la frase que levanta los espíritus colectivos y crea en ellos la voluntad férrea de continuar en el largo camino de la lucha por las demandas de la región fronteriza norte, ante las autoridades nacionales y locales e incluso ante las tropas extranjeras que tenemos establecidas en nuestro territorio en los últimos años. En este contexto social e histórico es en el que los Sacerdotes Jesuitas hemos trabajado por la consecución de los derechos de los ciudadanos, colaborando estrechamente a las comunidades en la intercesión ante los responsables de su abandono.

Acompañamos a las organizaciones nacidas de las luchas y reclamos del pueblo por satisfacer sus necesidades más fundamentales: el trabajo, el ahorro, la educación, el control de la producción, los servicios básicos y muchas otras. Ayudamos a estos grupos –los Centros de Madres (CM), la Confederación Agrícola-Unión Campesina Autónoma (CAUCA) la Asociación de Mujeres Nueva Esperanza de Dajabón (ASOMUNEDA) y el Comité para la Defensa de los Derechos del Pueblo (CODEPO)- porque han demostrado ser instrumentos eficaces para el empoderamiento de los pobres. En todos ellos, hombres y mujeres se unen con un hilo de solidaridad y comparten los objetivos de trabajar por la justicia, de defender la identidad cultural y campesina y de fomentar un desarrollo sostenible, autogestionario y eco-compatible de la sociedad.

El trabajo binacional se ha convertido en un eje transversal en todo lo que acometemos, desde que la experiencia única de la lucha por la tierra en Sanché provocase la solidaridad de los campesinos haitianos y dominicanos. A partir de entonces se comienza a apoyar a las incipientes organizaciones del lado haitiano, y Solidaridad Fronteriza formaliza esta relación respetando nuestras culturas, compartiéndolas y enriqueciéndolas. Nos preocupan especialmente las condiciones infrahumanas en las que viven la mayoría de los haitianos, tanto en su país como en territorio dominicano, e intentamos aportar soluciones a su situación.

En este ámbito, uno de los resultados organizativos más contundentes es la creación de la Red Binacional Jano Siksè (RBJS) y la Unión de Juntas de Vecinos (UJVD).La primera es una comisión permanente que vela por el respeto a los derechos humanos, supervisando el mercado binacional de Dajabón y los asuntos cotidianos a lo largo de seis comunidades de la frontera norte, y mantiene una vigilancia sobre las repatriaciones y otras acciones del estado respecto a la inmigración haitiana y de otras nacionalidades que transitan por la frontera. Las juntas vecinales se constituyen en los núcleos primarios para hacer las demandas en las comunidades de ambos lados de la isla.

La realidad de la Compañía de Jesús hoy en la frontera no es más que la expresión del resultado de todo ese proceso que hemos caminado con todos y todas. Son las mujeres y los hombres de ambos lados quienes, levantando sus reclamos, avanzan diariamente hacia la construcción del nuevo sujeto fronterizo. Un sujeto libre y activo, que ejerce sus derechos y lucha por la justicia, apoyado siempre por Solidaridad Fronteriza, que así cumple con la tarea que Ignacio, Xavier y Fabro nos encomendaron: “Aquí y allá, en todo momento servir y amar”.

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