miércoles 25 de enero de 2006

Inmigración indocumentada, un tráfico que enriquece a militares y empresarios

No son la Iglesia Católica y las ONG las que traen a los inmigrantes haitianos al país, como algunos ha querido decir muchas veces.

Por José Rafael Núñez (Chepe) sj
Director del SJRM

[Por Clave Digital] He visitado a organismos que trabajan con migrantes dominicanos y varias oficinas encargadas de migraciones en Estados Unidos. La finalidad de esta visita era combinar un trabajo que contribuya al respeto de los migrantes dominicanos en ese país.
Los dominicanos como otros latinos sufren muchas discriminaciones. Fui muy bien atendido tanto por las ONG como por las oficinas que trabajan con migrantes.
Pero todos me sacaron el tema de la situación de los migrantes haitianos y de los dominicanos de ascendencia haitiana en República Dominicana.


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Las ONG que trabajan con los dominicanos e interceden por sus derechos como trabajadores migrantes en Estados Unidos lamentaban constantemente el tratamiento que el gobierno dominicano y la Suprema Corte de Justicia dan a los migrantes haitianos y sus descendencias. Estas organizaciones que defienden a los inmigrantes dominicanos en Estados Unidos lamentaban la situación de los haitianos en nuestro país porque es lo mismo que ellas están reclamando como migrantes dominicanos en USA.

Se lamentan mucho el no esclarecer las tantas muertes de migrantes haitianos ocurridas en los últimos años en República Dominicana. Es una pena que nos hemos ganado la fama de ser un Estado violatorio de los derechos de las personas migrantes, de artículos de las convenciones internacionales de las cuales somos signatarios, incluso pasamos por encima a nuestra Carta Magna. Nos hemos ganado esta fama por las torpezas que el Estado y la Suprema Corte de Justicia han cometido.

Es una pena que tengamos que esperar que sucedan hechos lamentables como la muerte por asfixia de 25 haitianos traficados para decir que todos los días suceden tragedias similares, aunque no de las mismas proporciones. Ya varias veces el padre Pedro Ruquoy había denunciado muertes ocurridas en el sur de República Dominicana y no se quiso ni investigar. Ahora, con la muerte de estas personas ocurrida recientemente, el tráfico de personas por la frontera dominicana es demasiado visible para mantenerlo escondido.

La situación de la inmigración indocumentada obedece a un tráfico que enriquece a militares y empresarios. No son la Iglesia Católica y las ONG las que traen a esos inmigrantes haitianos al país, como algunos ha querido decir muchas veces.
Ya varias veces yo había denunciado esta situación por los medios de comunicación y las autoridades hicieron caso omiso. Es a diario que se traen los migrantes y se trata de toda una cadena, una red de tráfico muy bien trabada y muy protegida. Hay que llegar hasta los protectores y oficiales.

Es el control de esta red -empresarios, militares, campesinos y otros oficiales- que hay que detener. No son las deportaciones indiscriminadas y violatorias de los derechos humanos y el endurecimiento de las leyes migratorias, las que van a parar la migración indiscriminada, sino el paro de esta red, que tiene alta renta y hace posible la explotación despiadada de los migrantes.

El endurecimiento de las leyes -que hasta violan la Constitución de República Dominicana- lo que hace es beneficiar más a esta red. Ya es bien sabido que cuando más se endurecen las leyes migratorias más se organizan las redes de tráfico de personas. Por ejemplo, en 2002 la renta de la red de tráfico de personas a nivel mundial dejó un beneficio por más de 75 mil millones de dólares. Así cada año crece más este beneficio debido a las restricciones de las leyes. En muchos de los flujos migratorios las redes de tráficos están mejor organizadas que los mismos consulados y embajadas, incluyendo los consulados norteamericano y el dominicano. El endurecimiento de las leyes migratorias trae consigo además una mayor explotación de los trabajadores migrantes indocumentados y una mayor posibilidad de la trata de personas.

Consideramos que es importante tomar en cuenta las consecuencias de este endurecimiento de leyes y poner coto donde haya que ponerlo y no dar palos a ciegas. Es importante que las instituciones del Estado que tienen que ver con las migraciones y las organizaciones de la sociedad civil que trabajan con migraciones se reúnan y discutan cómo enfrentar mejor esta situación, para que se humanice este proceso migratorio y podamos regularizar este fenómeno y así obtener el bien para las personas migrantes y el país.

Es urgente este trabajo del Estado y la sociedad civil para el bien del país. Las torpezas que hemos cometido, que ponen a nuestro país en tela de juicio frente a la comunidad internacional, no deben repetirse.