Migración y Consulado dominicano permiten regresar a 4 dominicanos/as expulsados/as

La sonrisa de Yuly Ramírez Estasa en el momento de salir de la oficida de Migración
Después de varios días pasados en la ciudad haitiana de Wanament, hoy 4 personas injustamente expulsadas han podido regresar a República Dominicana, cruzando el puente sobre el Río Masacre, que separa Dajabón de la República de Haití.
El Cónsul dominicano en Wanament, Andrés Boció Fortuna, envió una carta a las autoridades de migración solicitando el regreso oficial de estas 4 personas, reconociendo la validez de los certificados electrónicos emitidos por la Junta Central Electoral, que fueron presentados por el personal de Solidaridad Fronteriza/Solidarite Fwontalyè.
La situación permanece incierta para las 52 personas que todavía están en Wanament esperando el permiso de regresar a sus hogares y volver a estar juntos con sus familias.
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En la portada del periódico El Caribe se puede reconocer a la derecha a Yuly Ramírez Estasa, quien pudo regresar hoy mismo a su país junto con Luifis José Luis, Polina García Inael y Gregorio Payano.
Yuly Ramírez Estasa fue expulsada del Batey Libertad, municipio de Esperanza, el pasado viernes 13 de mayo.
A las 5 de la madrugada agentes de migración y militares del ejército nacional tumbaron la puerta de la casa donde vivía con su madre, el padrastro, un tío y un hermano: les recogieron su cedula de identidad y la deportaron junto con el tío. Los dos han estado esperando hasta el día de ayer que las autoridades reconocieran la existencia de sus cédulas en el padrón de la Junta Central Electoral, de las cuales ya tenían unas fotocopias sacadas por el personal de Solidaridad Fronteriza/Solidarite Fwontalyè.
Exasperado por la falta de respuesta oficial, el tío de Yuly decidió regresar a su casa en Republica Dominicana: “Yo tenía mi cédula y me la quitaron los de migración: es un problema de ellos, yo tengo derecho de regresar ahora mismo a mi país”. Así se fue, pero en el puente de Dajabón tuvo que pagarle 50 pesos a un guardia que lo dejó pasar con la sola fotocopia de la cédula.
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Luifis José Luis nació el día 26 de diciembre del 1984, en el Batey Libertad, en Esperanza.
Fue trasladado a la frontera en el mismo camión militar donde viajaba Yuly. Se conocían de antes, aunque no frecuentan el mismo liceo.
Luifis tiene unos familiares lejanos que viven en Wanament, quienes les prestaron el dinero para comprar una tarjeta de teléfono: ha llamado a la mamá todos los días para decirle que estaba bien. Ahora, la única cosa que le importa es tener la posibilidad de hacer los exámenes de fin de año: mientras sus compañeros los estaban haciendo, él se encontraba expulsado en Haití.
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Polina García Inael vio su cédula romperse en muchos pedazos entre las manos de un agente de la Dirección General de Migración.
A la una de la tarde, mientras estaba preparando la comida para sus tres hijos (de cinco, cuatro y dos años), miembros de migración y del ejército nacional la subieron a un camión, sin darle el tiempo de recoger sus cosas.
El marido, que también tiene cédula dominicana, estaba trabajando en la finca, mientras los tres niños evitaron ser expulsados gracias al apoyo de unos vecinos dominicanos: la familia Peralta, que fue testigo de la destrucción de la cédula de Polina, se opuso con firmeza y tomó bajo su custodia a los tres menores.
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Gregorio Payano casi no habla creol: antes de montarse en la guagua para regresar a Villa Altagracia, nos dijo, en perfecto español: «Yo nací en Yamasa, más pa’llá de Santo Domingo. Nací en el 1963, ya no soy un muchacho».
Mientras trabajaba en una finca de arroz en Rancho Viejo, cerca de La Vega, vio los agentes de migración revisar todos los documentos de los haitianos que trabajaban juntos con él. Dos de ellos, que tenían un carné de trabajo temporal, no tuvieron ni el tiempo de hablar; se los quitaron de las manos y fueron cargados a la fuerza en el camión.
Cuando los agentes llegaron donde él, se quedó callado y se montó tranquilamente en el mismo camión. Fue así que Gregorio pudo conservar su cédula de identidad dominicana, que nos enseñó para que copiáramos sus datos. «Si se la enseñaba a ellos, no hubiera cambiado nada: en aquel camión montamos toditos, legales e ilegales».
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